lunes, 26 de noviembre de 2012

La vida recíproca.



El 04 de noviembre de 1992 en una mañana oscura, dónde el sol parecía una luna, los pájaros no cantaban su hermosa melodía de las mañanas porque habían muchos zamuros esperando una llamada, y los gallos con ese reloj tan exacto que tienen para despertar a toda la ciudad no cantaban, se volvieron gallinas.
Repentinamente se escucharon varias personas gritando en un hogar del barrio más pobre de Venezuela: ¡PAPÁ, DESPIERTA NO TE MUERAS!
Esas voces era la garganta recortada por el llanto, con lágrimas, mocos en la cara y las manos llenas de sangre de Vinicio por presenciar la muerte de su padre cuando se encontraba hablando con un extraño sujeto que le gritaba: “Vete de mi zona.” Mientras le apuntaba con una pistola en la cabeza la cual disparó.



Vinicio era un niño que nació  sin problemas el 04 de noviembre de 1988, fue llamado así por su padre el cual le regaló su muerte el día de su cumpleaños número cuatro.

Luego de ese 04 de noviembre Vinicio vivía solo con su madre y se crio como un niño normal en las calles, jugaba, reía, mientras las balas pasaban y las paredes mucha gente rara las saltaba, no pudo entender nunca el por qué lo hacían.
Su madre siempre estaba en el trabajo y no tenía una “nana” ya que el sueldo no era suficiente para pagar una; siempre veía la TV y su programa favorito era de un niño feliz jugando con sus dos padres (bueno, como todo en la puta televisión, hipnotizando mentes pequeñas y embruteciendo a la sociedad.).


Vinicio no es un niño, Vinicio ya creció; dejó la escuela porque piensa que la vida pasa muy rápido como para estar sentado en un salón aprendiendo cosas que él “ya sabe”, eligió estudiar en la calle dónde su mejor profesor era un vagabundo el cual le enseñó que nunca llegara a ser como él. Lleno de odio por todo lo que ha vivido y que sería muy estúpido explicar por qué, ya que no cree ni en su reflejo.


Vinicio ya tiene veinte años y no sabe que atrás de él está la muerte, camina las calles con una Colt en la cintura y una mente retorcida (De esas que gradúa la calle y que no es muy fácil de conseguir) no cree en religiones ni en santos, ni en gente y piensa que Dios es el superhéroe con más seguidores en el planeta tierra sin haber salvado alguna vida.


Pasan los días y su madre lo despide feliz en la mañana porque le toca ir a su trabajo. Hoy hay que vender mucho de ese producto por la cual la gente se mata, matan y se mueren.
La venta había estado mala esa semana, pues había llegado un nuevo “distribuidor” que le había quitado clientela y necesitaba solucionar rápidamente ese problema.

8:00pm, Vinicio se encuentra esperando que todo esté más oscuro para poder negociar mejor con el distribuidor. Se acerca silenciosamente con su Colt45 y dice: “Vete de mi zona”, mientras lo apunta en la sien sin temblor, ni miedo de pronto se escuchan cinco disparos los cuales cuatro le habían destrozado toda la cabeza al nuevo distribuidor; la sangre voló y cayó toda en la ropa de Vinicio, corrió sonriendo como un psicópata por todas las calles mientras se desnudaba y saltaba todas las paredes que se encontraba (Como lo hacía la gente mientras él jugaba cuando era un niño).


Vinicio ya no sabe quién es. Vinicio ya está muerto. A Vinicio lo está buscando la muerte montada en una camioneta gris con cuatro hombres armados y llenos de rabia por la muerte del distribuidor.


Amanece y Vinicio como en todas las mañanas se despide nuevamente de su madre para ir a su trabajo, vuelve a las calles a vender su producto como si nada hubiese pasado la noche anterior, todo tiende a ser un día bueno cuando suena el teléfono con la llamada de su vecino diciéndole: “Vinicio, llegaron cuatro tipos armados mientras tu mamá se encontraba viendo las telenovelas, preguntaron por ti, ella se negó a darle información y le dieron 15 disparos en todo el cuerpo, ¡Vete de aq…”
Vinicio cortó el teléfono y con lágrimas pequeñas en los ojos piensa entre sí: “Mamá, despierta no te mueras”, no vuelve a su casa desde ese día.


Vinicio no sabe quién es.  A Vinicio lo está buscando la muerte. Vinicio ya está muerto sólo es un fantasma el que camina por las calles. A Vinicio le hizo una vida la calle que él estaba muy pequeño para elegir; esa vida dónde sufres, huyes, te escondes o te mueres.


Ahora hay un vagabundo en las calles de casi sesenta años de edad que pide limosnas mientras se tapa la cara, y a todos los niños que ve les dice que nunca lleguen a ser como él.