El
04 de noviembre de 1992 en una mañana oscura, dónde el sol parecía una luna,
los pájaros no cantaban su hermosa melodía de las mañanas porque habían muchos
zamuros esperando una llamada, y los gallos con ese reloj tan exacto que tienen
para despertar a toda la ciudad no cantaban, se volvieron gallinas.
Repentinamente
se escucharon varias personas gritando en un hogar del barrio más pobre de
Venezuela: ¡PAPÁ, DESPIERTA NO TE MUERAS!
Esas
voces era la garganta recortada por el llanto, con lágrimas, mocos en la cara y
las manos llenas de sangre de Vinicio por presenciar la muerte de su padre
cuando se encontraba hablando con un extraño sujeto que le gritaba: “Vete de mi
zona.” Mientras le apuntaba con una pistola en la cabeza la cual disparó.
Vinicio
era un niño que nació sin problemas el
04 de noviembre de 1988, fue llamado así por su padre el cual le regaló su
muerte el día de su cumpleaños número cuatro.
Luego
de ese 04 de noviembre Vinicio vivía solo con su madre y se crio como un niño
normal en las calles, jugaba, reía, mientras las balas pasaban y las paredes
mucha gente rara las saltaba, no pudo entender nunca el por qué lo hacían.
Su
madre siempre estaba en el trabajo y no tenía una “nana” ya que el sueldo no
era suficiente para pagar una; siempre veía la TV y su programa favorito era de
un niño feliz jugando con sus dos padres (bueno, como todo en la puta televisión,
hipnotizando mentes pequeñas y embruteciendo a la sociedad.).
Vinicio
no es un niño, Vinicio ya creció; dejó la escuela porque piensa que la vida
pasa muy rápido como para estar sentado en un salón aprendiendo cosas que él “ya
sabe”, eligió estudiar en la calle dónde su mejor profesor era un vagabundo el
cual le enseñó que nunca llegara a ser como él. Lleno de odio por todo lo que
ha vivido y que sería muy estúpido explicar por qué, ya que no cree ni en su
reflejo.
Vinicio
ya tiene veinte años y no sabe que atrás de él está la muerte, camina las
calles con una Colt en la cintura y una mente retorcida (De esas que gradúa la
calle y que no es muy fácil de conseguir) no cree en religiones ni en santos,
ni en gente y piensa que Dios es el superhéroe con más seguidores en el planeta
tierra sin haber salvado alguna vida.
Pasan
los días y su madre lo despide feliz en la mañana porque le toca ir a su
trabajo. Hoy hay que vender mucho de ese producto por la cual la gente se mata,
matan y se mueren.
La
venta había estado mala esa semana, pues había llegado un nuevo “distribuidor”
que le había quitado clientela y necesitaba solucionar rápidamente ese
problema.
8:00pm, Vinicio se encuentra esperando que todo esté más oscuro para
poder negociar mejor con el distribuidor. Se acerca silenciosamente con su Colt45
y dice: “Vete de mi zona”, mientras lo apunta en la sien sin temblor, ni miedo
de pronto se escuchan cinco disparos los cuales cuatro le habían destrozado
toda la cabeza al nuevo distribuidor; la sangre voló y cayó toda en la ropa de
Vinicio, corrió sonriendo como un psicópata por todas las calles mientras se
desnudaba y saltaba todas las paredes que se encontraba (Como lo hacía la gente
mientras él jugaba cuando era un niño).
Vinicio
ya no sabe quién es. Vinicio ya está muerto. A Vinicio lo está buscando la
muerte montada en una camioneta gris con cuatro hombres armados y llenos de
rabia por la muerte del distribuidor.
Amanece
y Vinicio como en todas las mañanas se despide nuevamente de su madre para ir a
su trabajo, vuelve a las calles a vender su producto como si nada hubiese
pasado la noche anterior, todo tiende a ser un día bueno cuando suena el
teléfono con la llamada de su vecino diciéndole: “Vinicio, llegaron cuatro tipos armados mientras tu mamá se encontraba
viendo las telenovelas, preguntaron por ti, ella se negó a darle información y
le dieron 15 disparos en todo el cuerpo, ¡Vete de aq…”
Vinicio
cortó el teléfono y con lágrimas pequeñas en los ojos piensa entre sí: “Mamá, despierta no te mueras”, no vuelve
a su casa desde ese día.
Vinicio
no sabe quién es. A Vinicio lo está
buscando la muerte. Vinicio ya está muerto sólo es un fantasma el que camina
por las calles. A Vinicio le hizo una vida la calle que él estaba muy pequeño
para elegir; esa vida dónde sufres, huyes, te escondes o te mueres.
Ahora
hay un vagabundo en las calles de casi sesenta años de edad que pide limosnas
mientras se tapa la cara, y a todos los niños que ve les dice que nunca lleguen
a ser como él.